A finales del verano ocurre una de las transformaciones más curiosas de la vida de una colonia de abejorros: los machos dejan atrás el nido y comienzan una existencia independiente dedicada a alimentarse y encontrar pareja.
La parte triste: No vuelven a la colonia.
Durante buena parte del año, un nido de abejorros parece una sociedad perfectamente organizada. La reina permanece en el centro del ciclo reproductivo mientras sus hijas, las obreras, salen a recolectar néctar y polen, alimentan a las larvas, mantienen el nido y realizan otras tareas necesarias para que la colonia crezca.
Pero esa organización no dura indefinidamente.
Las colonias de muchos abejorros sociales tienen un ciclo anual. Después de alcanzar su máximo desarrollo, la reina comienza a producir una generación diferente: machos y nuevas reinas. Es entonces cuando la vida de los machos toma un rumbo completamente distinto al de las obreras.
El macho no está hecho para trabajar en el nido
Los machos de los abejorros tienen una función reproductiva.
A diferencia de las obreras, no recolectan polen para alimentar a las larvas ni participan normalmente en las tareas de mantenimiento de la colonia. Una vez que alcanzan la adultez, abandonan el nido de forma permanente.
Esto es importante porque suele describirse este fenómeno como una especie de “expulsión” de los machos. La realidad es algo más precisa: en los abejorros, los machos adultos dejan el nido y no regresan. Su vida continúa fuera de la colonia, donde deben alimentarse por sí mismos y buscar hembras con las que aparearse.
No es, por tanto, que una colonia expulse a un individuo que antes trabajaba y luego se volvió "inútil". El macho nunca ocupa el mismo papel social que una obrera.
Su aparición forma parte de una nueva fase del ciclo reproductivo.
Una vida entre flores
Después de abandonar el nido, el macho se convierte en un animal independiente.
Visita flores para obtener el néctar que necesita como fuente de energía y dedica una parte considerable de su actividad a localizar hembras reproductivas.
Y aquí aparece un comportamiento particularmente interesante.
Los machos de diversas especies de Bombus pueden establecer rutas de patrullaje: recorren determinadas zonas y regresan repetidamente a lugares concretos mientras buscan posibles parejas. Algunos también depositan señales químicas mediante feromonas en determinados puntos de esas rutas.
Un estudio publicado en 2026 en Behavioral Ecology examinó precisamente cómo los machos de Bombus terrestris equilibran dos necesidades aparentemente contradictorias: conseguir suficiente energía mediante el néctar y mantener su actividad reproductiva.
Los investigadores encontraron que la disponibilidad y distribución del alimento modificaban su comportamiento de alimentación, pero los machos mantenían relativamente estable su inversión en patrullaje y señalización reproductiva. En otras palabras, ajustaban la manera de alimentarse sin abandonar su búsqueda de pareja.
Es un pequeño ejemplo de cómo la conducta animal puede estar determinada por varios problemas simultáneos: obtener energía, desplazarse y reproducirse.
¿Y qué ocurre con la colonia?
Mientras los machos se dispersan, las nuevas reinas siguen un camino completamente diferente.
Después de aparearse, las futuras reinas necesitan acumular reservas energéticas suficientes para atravesar el invierno. Cuando llega el final de la temporada, la colonia original comienza a desaparecer.
Las obreras mueren. La antigua reina también muere. Los machos, que ya se encuentran fuera del nido, tampoco sobreviven al invierno.
Las nuevas reinas fecundadas son las que permiten que el ciclo continúe. Se refugian en lugares protegidos, muchas veces bajo tierra, y permanecen en hibernación hasta la llegada de la siguiente primavera.
Entonces una nueva reina emerge y comienza otra colonia.
El nido que durante meses parecía una pequeña sociedad permanente resulta ser, en realidad, una estructura temporal construida alrededor de un ciclo reproductivo anual.
El abejorro que parece estar descansando solo
Esto permite interpretar de otra manera una escena que puede observarse durante la temporada cálida.
Un abejorro puede encontrarse solo sobre una flor, especialmente durante periodos de baja actividad. Si se trata de un macho, podría estar simplemente alimentándose o descansando mientras continúa su vida independiente.
No está esperando necesariamente regresar a un nido.
Su colonia ya dejó de ser su centro de actividad.
La flor es ahora una fuente de energía. El paisaje se convierte en su territorio de búsqueda. Y otros abejorros machos pueden estar recorriendo las mismas zonas en busca de reinas.
Incluso los estudios recientes sobre estos animales están mostrando que esa existencia aparentemente sencilla es mucho más sofisticada de lo que podría parecer: los machos modifican sus estrategias de alimentación según la distribución de los recursos mientras mantienen comportamientos asociados a la reproducción.
El último acto de una colonia
La historia completa tiene una particularidad que resulta fácil pasar por alto.
La colonia no está diseñada para durar.
Su objetivo evolutivo no es conservar indefinidamente a todos sus miembros, sino producir la siguiente generación reproductiva. Durante el verano, las obreras permiten que la colonia acumule recursos y crezca. Posteriormente aparecen machos y nuevas reinas. Los machos se dispersan para reproducirse. Las nuevas reinas almacenan energía y buscan refugio para pasar el invierno.
Finalmente, la colonia desaparece.
Y, meses después, una de aquellas reinas que sobrevivió bajo tierra emerge para comenzar nuevamente el proceso.
Por eso, aquel abejorro macho que encontramos solo sobre una flor no representa necesariamente una anomalía ni una historia de abandono.
Es el resultado visible de una etapa perfectamente normal del ciclo de vida de uno de los insectos sociales más fascinantes de nuestros ecosistemas.
Y aunque parezca que simplemente vuela de flor en flor, su comportamiento cumple una función mucho mayor: alimentarse, buscar pareja, participar indirectamente en la dinámica de polinización y contribuir a que los genes de su generación puedan pasar a la siguiente.
La colonia desaparece.
Pero el ciclo continúa.

